Los compañeros Ender Duarte y Ana María López, estuvieron del 25 de abril al 10 de mayo, estrechando lazos con organizaciones comunitarias colombianas.

En Ibagué, capital del departamento del Tolima, a 94 km al oeste de Bogotá, participaron en un encuentro de la Red Latinoamericana de Circuitos Cortos para la Agricultura Familiar RECCAF. Allí compartieron con compañeros de Guatemala, Bolivia y Colombia integrantes de esta red que fue conformada en el año 2014.

Ender Duarte nos cuenta: la Reccaf es una red de aprendizaje conformada por personas de distintos marcos institucionales de varios  países de América Latina. Partiendo de su diversidad de experiencias se propusieron intercambiar, compartir puntos de vista y aprender juntos respecto a temas vinculados a la variedad de los sistemas alimentarios, los mercados y la pequeña producción. 

Dentro de esta interacción está el trabajo de la Alcaldía de Ibagué en la promoción e instalación de los Mercados Campesinos que funcionan todos los sábados en la tradicional plaza de mercado de esta ciudad de un poco más de medio millón de habitantes.                                  

En Bogotá, fueron recibidos por la compañera Consuelo Aragón, presidenta de la Unión Nacional Agroalimentaria de Colombia (UNAC), quien nos visitó en Cecosesola a principios de este año.

Ana María López dice: estamos muy agradecidos por la gran hospitalidad que nos brindó Consuelo junto con su familia al recibirnos por varios días. Nos acompañó en nuestro recorrido por diversas instituciones colombianas. Visitamos la Universidad Cooperativa de Colombia, la sede de la Superintendencia de la Economía Solidaria (Supersolidaria) y las oficinas de OXFAM. Tuvimos contactos con funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

Guatemala, Bolivia, Venezuela y Colombia unidos en RECCAF.

Los intercambios con otras organizaciones comunitarias de Latinoamérica siempre nos enriquecen y nos dan la posibilidad de seguir construyendo redes de integración.

 

DE HERREROS A CARPINTEROS

Desde los años 50, en Venezuela las urnas se elaboran con láminas metálicas. En Cecosesola, hace 18 años creamos nuestro propio taller metal metálico para fabricar las urnas que garantizaran el abastecimiento de ese componente fundamental de nuestro servicio funerario que ya tiene medio siglo. A la fecha, cerca de 20.000 familias integramos este servicio que protege a más de 140.000 personas en la región centro occidental.

En los últimos meses se ha presentado una grave escasez de láminas metálicas en todo el país. Eso ha ocasionado una situación muy difícil para el sector funerario nacional. Como sabemos, cuando hay escasez comienza a funcionar ese círculo vicioso de aprovechamiento sin medida que llamamos bachaqueo.

Ante esta problemática de escasez nacional de ataúdes, comenzamos a buscar salidas. Una de las cosas que inventamos es que pasamos a producir urnas de madera y de compuesto (MDF) utilizando los mismos herrajes que se empleaban en las urnas metálicas, dice Reinaldo Gómez, de la Instancia Sociales. Como movimiento cooperativo siempre estamos superando las dificultades. Ante la falta de láminas, nos propusimos aprender a hacer las urnas de madera y de esa forma, nunca hemos dejado de prestar el servicio que requiere nuestra comunidad.

Yelitza Valera,  de la misma instancia agrega: también empezamos a dar a conocer el uso de la cremación en lugar del sepelio tradicional. A través de la cremación se usa la urna sólo para el momento de la velación y luego se puede reacondicionar la urna para otra familia, lo cual baja de una manera importante los costos del servicio.

En estos tiempos hiperinflacionarios hemos aprendido a revisar los costos semanalmente. Antes, podíamos proyectar nuestros ingresos y nuestros gastos una vez al año y podíamos dejar igual el aporte semanal funerario por mucho tiempo. Actualmente, debemos llevar el pulso de nuestra ego se puede reacondicionar la urna para otra familia, lo cual baja de una manera importante los costos del servicio. Actualmente, debemos llevar el pulso de nuestra actividad constantemente para no descapitalizarnos y poder mantener la calidad del servicio.

Es por ello que este año nos aumentamos el aporte semanal para el servicio funerario cooperativo de Bs 2.000  a Bs 20.000  de la semana 7 hasta la semana 13. De la semana 14 a la 18 cuesta Bs 40.000  y de la semana 19 en adelante costará Bs 50.000  hasta que tengamos que ajustar nuevamente.

Al cancelar este aporte semanal de Bs 50.000  estamos protegiendo a nueve miembros de nuestra familia: el asociado y 8 parientes. Por eso, este monto sigue siendo muy económico tomando en cuenta que, a la fecha de hoy, el precio de un solo servicio funerario ronda los 40 millones de bolívares.

Sabemos que en Venezuela hay serias dificultades para obtener productos de consumo diario. Esto se traduce en largas colas ante establecimientos de diversos tipos.

En las Ferias de Consumo Familiar, donde acudimos decenas de miles de personas cada semana, en el pasado vivimos situaciones muy difíciles por la desesperación de entrar a comprar productos regulados. Hace dos años, cuando atendíamos sólo 40.000 personas se hacían colas interminables, las personas pernoctaban hasta por dos días en los alrededores ensuciando las casas vecinas, se vendían los cupos en la cola, había personas que entraban montones de veces a quitándole a otros la posibilidad de comprar. Decenas de personas en sillas de ruedas se 

amontonaban en las puertas de las ferias, tratando de ingresar por las buenas o por las malas. En general, existía mucha violencia verbal y física para entrar entre los primeros. 

Entre nosotros, como organización, se generó una profunda preocupación sobre cómo se iban rompiendo las relaciones comunitarias armónicas que veníamos construyendo a través de más de 30 años de existencia de las Ferias de Consumo Familiar.

Y empezamos a pensar cómo organizarnos, para que el hecho de comprar semanalmente se convirtiera nuevamente en un espacio de encuentro y no de confrontación. Fue entonces que, conjuntamente con los consejos comunales, comenzamos a diseñar nuestro propio sistema de carnetización cooperativo.

¿Cómo funciona el carnet?

Las personas que queremos comprar en el área de los productos regulados de las Ferias nos registramos y obtenemos nuestro carnet plastificado pagando una módica suma.

Días antes, se busca un número que es emitido de manera aleatoria por el sistema de computación que indica qué día del fin de semana le corresponde comprar. Semanalmente se puede comprar una sola vez en toda la red. Los terminales de cédula de las personas que comprarán cada día se van rotando, de forma que las posibilidades de obtener productos escasos también se distribuyan en el universo de 270.000 carnetizados. Los números se entregan desde las 6:00 de la mañana hasta la tarde, de lunes a miércoles, en los diferentes puntos de la red.

La situación de las personas enfermas o con discapacidad también nos preocupaba. Por ello, organizamos jornadas de evaluación física con los médicos cooperativistas integrantes de la red Cecosesola para que certificaran el grado de enfermedad o discapacidad permanente o transitoria. Según el caso, se puede autorizar a algún otro miembro de la familia para que asista en su lugar tanto a buscar el número como a comprar. Facilitar el acceso a la compra de alimentos a estas personas, sin tener que trasladarse de sus hogares, es otra manera de construir equidad.

Tenemos dos tipos de cola: la convencional y la preferencial.

La cola preferencial es para personas mayores de 60 años, embarazadas con más de 32 semanas de embarazo y madres lactantes con bebés hasta tres meses de nacidos y toda persona con situación de enfermedad o discapacidad evaluada por nuestros médicos.

Gracias a la carnetización, en estos momentos podemos atendernos, sin empujones ni maltratos, 150.000 personas cada semana.

La carnetización ha sido un proceso de creación colectiva que no se ha acabado. Continuamente lo vamos mejorando partiendo de la experiencia semanal y las sugerencias que recogemos de todos quienes participamos en la red Cecosesola.

Vivimos un grave proceso inflacionario en nuestro país. Al mismo tiempo, hay menor oferta de productos básicos y muchos supermercados y bodegas han cerrado sus puertas. Inclusive, diversos establecimientos gubernamentales de distribución de alimentos han dejado de funcionar.

El resultado ha sido que, progresivamente y sin buscarlo, las Ferias de Consumo Familiar nos hemos ido convirtiendo en casi la única alternativa, aparte de las bolsas CLAP, para acceder a los productos de la agroindustria más demandados por la población. Esto ha significado un gran reto que nos lleva a reinventarnos continuamente.

En el año 2016, en los 23 puntos de venta que abarca la Red Cecosesola, veníamos a las ferias alrededor de 40.000 personas cada semana. Hoy, más de 150.000 personas acudimos en busca de víveres y hortalizas. Sólo en el área de productos perecederos, hemos pasado de 500 toneladas a 800 toneladas movilizadas cada semana.

Para poder atender tal cantidad de personas semanalmente, en toda la red, desde las 6.30 de la mañana, de jueves a domingo, más de 300 cajeros trabajadores cooperativistas, nos activamos para dar lo mejor de nosotros. Dependiendo del surtido que tengamos, nuestras jornadas pueden llegar a 14 horas.

Un elemento esencial de nuestra organización es ir construyendo equidad. Por eso, cuando logramos abastecimiento de productos básicos a precios accesibles (harina precocida, pasta, azúcar…) los distribuimos buscando que alcancen para el máximo número de personas. Normalmente repartimos esos productos de un kilo por mercado, incluyendo lo que adquirimos para nuestros hogares como trabajadores asociados de la red Cecosesola.

En esta construcción de la equidad, en lo que se refiere a la distribución de alimentos ha sido fundamental el "sistema de carnetización cooperativa" que hemos creado e implementado desde hace tres años. A la fecha hay 270.000 personas que poseen carnet para poder ingresar ordenadamente al área de productos regulados en todos los puntos de la red.

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